Fiesta en salud.
Posturas de yoga, meditación, manjares naturistas y
mantras con pulso dance. En estos eventos, cada vez más populares, participan
familias con sus hijos.
Es temprano. El espacio enorme de un boliche palermitano
como Groove, donde alguna vez vibró un verdadero templo de la bailanta, apenas
se ha empezado a habitar. Pero es tiempo propicio para comenzar a percibir lo
que será la Yoga Rave, un concepto de fiesta electrónica donde no se vende
alcohol y se promociona el no uso de drogas comúnmente asociadas a la música
electrónica. Ya se han hecho 40 de estas fiestas en la ciudad, pero es la
primera que se hace en una disco enorme, donde suena una música electrónica
suave, levemente hipnótica, que pone la mente en clima, creando el marco ideal
para aceptar un saque sanísimo de clorofila pura, que llega al estómago como un
regalo energizante.
La rave apenas se vislumbra, pero a sabiendas de que
estamos en una fiesta electrónica dance que propone que el cuerpo se estimule sólo
con música, yoga y meditación, se vuelve natural ver parejas jóvenes con niños
bien pequeños, junto a adolescentes ultra lookeados, con estética de colores flúo.
Pronto, cuando el sitio va llenándose y hemos comido alguna ensalada energética
vegetarianísima, además de un potente brebaje a base de jengibre, comienza la
primera huella de lo diferente. Desde el escenario, un atlético y vociferante
instructor de mediana edad convoca a una relajación colectiva, con distintas
posturas de yoga.
Por la manera en que algunos de los presentes adoptan con
velocidad las posturas, se nota que están en el tema. Otros van siguiendo las
propuestas a los tropezones, pero imantados por el entusiasmo sonriente del
arengador. Para cerrar esta fase, se inicia una meditación colectiva, que puede
ser apenas relajatoria para los no muy acostumbrados a bajar el umbral de la
conciencia, pero para los que llegan con intensidad a estados concentrados, se
recibe como fuente de placer. Eso sí, cuando aparece abruptamente la música del
dúo electrónico So What Project!, con sus mantras de variada vertiente
cultural, lo primero que se produce es un shock.
Eso sí, la mente y el cuerpo piden a los organizadores –adeptos
del Sri Sri Ravi Shankar, con cinco años de experiencia en el país organizando
estas fiestas conscientes– que para los próximos eventos tengan un cuidado
mayor en la progresión de la intensidad de la música luego de las meditaciones.
Eso hará que sea más disfrutable, lo que sí pasa cuando nos recuperamos del
fuerte contraste, ya que el cuerpo relajado, la mente atenta y el espíritu
festivo bailan felices cuando los mantras bailables estimulan con gracia al movimiento.
Cuando se da esta alineación, sea lo que fuere que sintamos con el yoga o las
distintas asociaciones que trabajen con meditación, sentiremos que está muy
bien bailar, contentos. Y hacerlo compartiendo un espacio del movimiento libre
con gente de todas las edades, incluyendo esos niños, muchos, que prueban que
para estar bien sólo hace falta moverse. Y eso hacemos, con total conciencia. Y
sin humo que nos quite ni un gramo de aire. Eso se festeja, aunque nunca antes
hayamos meditado o ni pensemos en hacer yoga.
Fuente: Diario Z, Buenos Aires, 26 de septiembre de 2013.
Synchronicity México, Medita México.

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